domingo, 3 de enero de 2010

Lo unico

Siento tu mano atravesar mi espalda y comprendo lo que es la vida, y también comprendo lo inmensa que es .Te miro a los ojos, como buscándote entre las sabanas y contemplo ese paraíso de palacios de luna .Un espacio tan grande, en un alma tan grande; unas alas para esos corazones con ansias de volar, de percibir un cielo encantado, ensoñado.
Me das tu mano y sin imaginar, llegamos al punto más lejano, donde la distancia es inigualable, y el tiempo no es más que palabra. El pasto en nuestros pies y una rosa descansa su mejor siesta. Una imagen en mi mente evoca mi parecer con una creencia de haber estado en el lugar. Escarbando un poco más me voy percatando de una verdad. Mi recuerdo, como sueño, refiere un lugar soleado con árboles. El pasto perduraba por todos los lados y el canto de aquellos pájaros, eran la mejor sinfonía, la mejor melodía de un cielo de mediodía, que un hombre podría haber escuchado. Adentrándome, aun más en esa tierna imagen, de cierto encanto, encuentro a una mujer a mi lado. Esa mujer tan preciosa con toques de seducción del mejor vino, se acerca hacia mí y llego hasta sus labios. En la perdida de mi consciencia miro hacia el cielo, y me desvelo al encontrarme perdido. Perdido y propicio estaba mi existir, flotando risueño y venturoso. Giro hacia mi lado y la veo despertándose. Al mirar de vuelta al gigantesco cielo encuentro una rosa descansando su mejor siesta. En medio del hechizo, imprevistamente, una mujer con aspecto de ángel me toma por las espaldas y me eleva hasta desprenderme de aquel pasto, sin yo siquiera poder ofrecer resistencia a la voluntad de aquel cuerpo celestial. Sin más decir, aquel abrazo hizo en mi, sentir un gran alivio y bienestar, extraños para mí ser. Tan extraños como flotar en un cielo de estrellas, como un mar abrazado a las piedras.
En la cumbre del vuelo eterno, me deje soltar, cayendo en una calle sombría pero acogedora. Era basta la calma que rondaba el sitio, y creo, fue motivo para mi desahogo. Caminando un par de cuadras hasta cruzar dos esquinas, me percato de tener una vez más a esa mujer a mi lado. Ella caminaba a mi par, y pude contemplar entre el sosiego del aire sus ojos, y su pelo, en concordancia a estos. Su rostro era la divina perfección. Mi mente pensó en preguntar donde estábamos, pero de un momento a otro, me abrazo o sentí que me abrazaba hasta llegar a mi alma. Me quede sin palabras, y solo me propuse a sentir como me llenaba de vida su contacto. Nada importaba ya. Tenía un aroma muy agradable, que enviciaba mis sentidos. Tenía el aroma que deben de tener los ángeles del cielo.

En una agonía eterna vuelo por el cielo, camino en una estrella y la luna me sonríe. El pasto es tan verde y los árboles nunca mueren. Las calles son hermosas, con cierta magia exquisita. Puedo verte desde aquí como descansas. Tus ojos cerrados muestran la calma del agua. Un sentir inconcebible en simples palabras. Miro hacia el techo, y me desvelo al encontrarme perdido. Al darme vuelta te encuentro, suspirando lo lindo que fue tu sueño, y al mirar otra vez el techo veo en una mesa una rosa descansando su mejor siesta.